-Mírame a los ojos y dime la verdad.
-Yo no fui.
El profesor me escrutó en busca de cualquier indicio de debilidad, mentira, o pista que pudiera ayudar a saber si decía la verdad, pero no encontró nada y agitó la cabeza levemente. Pensaba que confiaba en mí, pero era notable su gesto de resignación ante la falta de pruebas. Y eso duele aunque fuera yo.
Si me lo hubiera preguntado bien se lo hubiera dicho. Pero éstos interrogatorios, estas puestas a prueba me desquician. Si confías confías, y si me pruebas te arriesgas a que yo supere tus pruebas. Así es la vida. También yo pensaba que no me harías esto, y mis ojos tardaron poco en buscar libertad y vida en la ventana por ello. Estaba nevando, y alguien (osease yo), había escrito en el coche de algún profesor "Por una educación con niños en vez de ovejas", lo cual (se ve), molestó a alguien.
No tengo reparos en decir las cosas directamente pero mi familia me lo tiene desaconsejado, así que prefiero no hacerlo. Pero algo hay que decir. Cada vez nos machacan más a memorizar esto u aquello y menos a aprender, a interesarnos, a saber: Saber del bueno. Eso es lo que me cabrea, por eso protesto: Parece que el futuro no tiene ninguna importancia. Pero ¿Tiene sentido el presente sin futuro? ¿ Y el futuro sin presente? Se necesitan una meta y un camino un final, de otra manera, sera solo andar y andar hasta olvidar por qué empezamos a caminar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario