sábado, 20 de julio de 2013

Historias sueltas(4)

---------------------------------------------------
-¿Qué tal estás?
-¿Qué?
-Que qué tal estás. Llevas unos días muy raro. No respondes a lo que te digo ni das señales de vida, ¿todo bien?

Qué decirle. Problemas en dos cabezas solamente son más problemas.

-¡Claro que sí! Gracias por preocuparte, pero de veras que estoy bien. Sólo algo cansado.

El cansancio siempre funciona como excusa.

-Entiendo... Has tenido unos días complicados, espero que pronto puedas descansar.
-Sí...Yo también lo espero. Muchas gracias por llamar, de veras te lo agradezco.

Cuando pienso en ello, siempre creo que es imposible que no me notara nada distinto, aunque fuera en el tono al hablar. Pero me alegro de que no lo notara o que no quisiera hacerlo. Al fin y al cabo, nadie puede ayudarme mientras yo no quiero.
-----------------------------------------------------


La tristeza entre dos es menos triste, por eso tenemos dos ojos para llorar. Así cada uno llora menos, aunque lloren más. Por eso no entiendo a la gente que no comparte sus penas con los que están dispuestos a llevarlas: hoy por ti, mañana por mi. Y así, juntos, tirando cada uno cuando el otro está sin fuerzas, llegaremos más lejos. Para eso están l@s amig@s. Aunque para que eso hay que confiar en ellos,  dejarles llevar parte de nuestro dolor. Eso también es valor, porque da miedo; eso también es confianza, porque no se hace con cualquiera: Ni todos los amigos se atreven, ni todos confían. Algunos deciden por sus "amigos" lo que más les conviene, como si ellos no supieran decidir. Lo que pasa es que algunos no se atreven, algunos no confían.

No hay comentarios:

Publicar un comentario