sábado, 10 de agosto de 2013

Historias sueltas(5)

-Esa pieza hace referencia a Tannhäuser, es una de sus últimas obras.

Lo dice complacido, hallándose conocedor del hecho. Su mujer, orgullosa, mira alrededor como para juzgar con la mirada cuanta gente habría escuchado el comentario de su marido, sabido en clásicos. Ambos van arreglados aunque no es una cena de gala. Y no son los únicos. Miro por doquier y todos van así menos yo. Servidor va de playa, cómodo. Estamos en verano y el calor es un aliciente para que prevalezca lo que yo quiero vestir sobre lo que los demás quieren ver. De fondo, música clásica. Lugar: una casa rural, Y no recuerdo nada de códigos de etiqueta en actos de esta índole: Entrada libre, horario abierto... Y aquí todos de traje (La música clásica aveces parece neochonismo).

Suenan las obras y una leve sonrisa de placer interno y paz se dibuja en mi rostro. La pareja de violinistas, el chelo y el piano hacen una actuación perfecta. La música fluye y suena más que gratificante. Además, el ambiente entre los músicos es ameno, llegando a bromear a lo largo de la representación, así que mi sonrisa no hace más que ensancharse en mi rotro: aunque no dure mucho. No sé cómo, mis ojos caen a ver si mi gozo es compartido por los demás espectadores: y no. Están todos serios. Suena la siguiente pieza y ningún rostro se inmuta. ¿Por qué? ¿Y el gozo? ¿Y el motivo por el que están allí? Entonces caigo en que la señora que tengo delante mira a todos lados  mirando no sé que (como la del marido sabiondo), sin atender a la música.
-Por los otros, claro. Por eso están todos aquí.

Necesito aire.

Fuera, el sol se pone y el cielo se ve casi rosa por causa de ese hecho. Un abuelo sonríe con su nieta, unas amigas pasean por la calle entre risas. ¿Para que escuchar música si no lo disfrutas? Hay muchas cosas que se pueden hacer mejores que eso.
De lejos, la música aún llega a mis oídos. Todo parece más bonito.

-Así sí.

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